Cuaresma

"IN MEMORIAM" Viruca




A fuerza de ver siempre un paisaje acabamos por ignorar toda su belleza. La prisa de la vida hace que no tengamos tiempo de contemplar una hermosa puesta de sol. La rutina nos puede hacer pensar que la ropa que nos aparece planchada en el armario nos la ha colocado un pequeño duende. Los seres humanos somos expertos en obviar lo que es realmente importante en nuestras vidas: los pequeños gestos, el trabajo callado, las personas que nos quieren, todos aquellos seres que de forma anónima nos hacen la vida más fácil. Posiblemente si digo Elvira Serantes Ares, a muy pocas personas le dirá algo. Sin embargo si digo Viruca “la sacristana”, ya sabemos quién es. Son cosas de los pueblos… Viruca ha estado colaborando en la parroquia durante más de 30 años y muchas veces a fuerza de verla no hemos reparado en la labor que hacía para todos nosotros. Viruca fue la sucesora de Sr. Joaquín y elegida para ocupar este puesto por Don Antonio Liste, cura párroco por aquel entonces. Ella nunca entendió porque se la había escogido para ese cargo, más que cargo servicio porque, como las grandes personas, se sentía pequeña para llevarlo a cabo. Aun así, quién mejor que ella para velar por nuestra iglesia parroquial desde la atalaya de la ventana de su casa. De Sr. Joaquín (de feliz memoria) recibió un encargo muy especial: “Te voy a pedir un favor muy grande: nunca permitas que el santísimo esté con la vela apagada”. El amor a Cristo Eucaristía es el motor de la vida de un cristiano. Hay voces que puedan decir “era su trabajo”. Muchas veces no basta un salario para realizar un trabajo porque éste supera al salario pero hay algo que paga con creces la dedicación y es el amor de Cristo. Ella fue la impulsora de la veneración al Santísimo mediante la confección de alfombras el día de Corpus. Todos tenemos en nuestra memoria la imagen de Viruca cargando remolques de “espadainas” para ese día. Fue también una de las promotoras de la fiesta de San Benito de Palermo (San Benitiño el negro). Todavía muchas generaciones de cambadeses recuerdan las cucañas que se organizaban con motivo de la fiesta, las madamas de fuego y el chocolate caliente que saciaba los voraces apetitos infantiles después de tanta competición. A Viruca se la puede recordar por muchas cosas pero la recordaremos siempre por esa labor callada, silenciosa, que al igual que ese paisaje, o esa puesta de sol o esa ropa planchada que pasan desapercibidos, cuando nos detenemos por un segundo y los contemplamos nuestro corazón se llena de alegría, nuestros ojos dejan caer una lágrima emocionada y nuestros labios balbucean un tímido gracias. Estamos seguros que ya estás al lado del Padre y al lado de ese Cristo Eucaristía que tanto veneraste y quisiste en tu iglesia de Santa Mariña Dozo. Desde el corazón te decimos gracias Viruca por todo. Nuestro cariño y nuestra oración.


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