Cuaresma

FELIZ DÍA DEL PADRE "SIN DÍA"




FELIZ DIA DEL PADRE “SIN DÍA”

 

Creo que no me cansaré de repetirlo: otro año más del Día del Padre sin día.

Llegará el 19 de marzo y como cada día la rutina se hará dueña de nuestras vidas: sonará el despertador, nos levantaremos perezosos, comenzaremos con las señales habituales de alarma (a desayunar, rápido que es tarde, vamos daros prisa, etc.), iremos dejando a cada uno en su destino y finalmente comenzará la jornada laboral como cada día.

Si has tenido suerte, en medio de esta vorágine, escucharás un fugaz: “feliz día del padre”. En algunos casos (los más afortunados) incluso se colará un tímido beso, mientras suena la banda sonora del “venga ya es tarde”.

En mi mundo ideal el día sería diferente. No sonaría el despertador sino que, despierto ya en complot con tu querida esposa, te harías el dormido y te despertarías al grito de “Feliz día del Padre”, mientras tus hijas asaltan tu cama comiéndote a besos, mientras la  más pequeña porta un enorme paquete y te dice con una sonrisa inmensa: “es para ti papá”.

Entre risas, nervios y alborozo, mientras mamá hace de reportera gráfica inmortalizando tan grande acontecimiento, se abre el hermoso paquete mientras no dejas de mirar los ojos de tus hijas que brillan de una forma especial. ¡Es precioso! ¡Es lo que quería! ¡Me encanta! Espera papá aún hay más: la mayor te acerca un papel, en el que apenas hay garabateadas una frases que para ti son la oda más hermosa del mundo y la pequeña, con una impaciencia desbordante, como si el día fuese a terminar ya, te grita ¡ahora yo! ¡Ahora yo!. Entre tus manos mete un papel doblado con torpeza y al abrirlo te encuentras una especie de superman, con capa y todo y una leyenda que dice: SUPER PAPÁ.

Las abrazas con fuerza, mientras miras con ternura a tu esposa, artífice de todo este festival de cariño, mientras una lágrima resbala por tu rostro. No cambiarías ese instante de felicidad por nada del mundo.

Luego tus hijas te toman de las manos y te dicen: cierra los ojos… pero no los abras. Te conducen lentamente por la casa y cuando llegas a destino te dicen: ¡ahora abre los ojos! Te encuentras en la cocina donde hay una mesa hermosamente preparada llenada de todas las cosas que saben que te gustan: donuts, campurrianas, tostadas, zumo, fresas…

Desayunamos despacio, en familia, disfrutando del momento, entre risas y besos, mientras mis hijas no dejan de preguntarme: ¿te gustó papá?

Luego el día discurriría con la calma de un día sin prisas, disfrutando de un largo paseo, sacando mil y una fotos para inmortalizar el momento como queriendo atraparlo para siempre.

Comeríamos en MacDonals y luego habría tarde de cine. Compartiríamos palomitas, algún guiño de ojo, un apretón de manos, más risas…

Volveríamos a casa después de pasar un hermoso día en familia, donde yo más que nunca me sentí el Rey de mi casa.

Como cada noche acostaría a mis hijas y con un enorme beso les diría: GRACIAS POR UN DÍA TAN HERMOSO. Y ellas me responderían con un simple “te quiero papá”.

Yo ya sé que todos los días pueden ser día del padre pero… no lo hacemos. Estos días son un hermoso oasis en la rutina diaria por eso cada vez me cuesta más que alguien me robe este día, que mis gobernantes me priven de esta felicidad.  Tampoco es tanto pedir ¿no?

JOAQUIN CHAVES

 

 

 


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